Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- 17-ABRIL-1961: En este día yo casi acababa de cumplir los 14 años y, anunciándose el inicio de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, yo me preparaba para ir a mis clases en la ‘Escuela Parroquial para niños pobres de la Iglesia del Cristo’. Allí, de la mano de unos queridos Padres Dominicos canadienses, aprendí mis primeras letras después de llegar a La Habana a principios de 1958 en compañía de mis padres que, por su participación en las luchas clandestinas en el Oriente cubano, tuvieron que refugiarse en la capital y donde trabajé como vendedor ambulante durante unos 2 años.


Fui, prácticamente, ‘un niño de la calle’ a punto siempre de caer en la delincuencia y quién sabe a qué más, ya que debía defender con navaja, como los otros niños, las puertas que por la calle San Rafael accedían a la lujosa tienda ‘Fin de Siglo’ y adonde pude colocarme para vender jabas de cartón donde los compradores guardaban sus paquetes, me pagaban 5 centavos por pieza y, en ocasiones, me daban el triple. Toda una Maratón sobre una pobreza no entendida.

No obstante mis buenas ventas en aquella famosa tienda, las buenas propinas de sus clientes y la buena escuela donde aprendí a leer, a escribir y a rezar con 10 años recién cumplidos, aquel nombre de la tienda, ‘Fin de Siglo’, debió significar para mis maravillosos padres obreros y un hermano miliciano, el fin de mi más querido juego infantil: el regocijo, al triunfar la Revolución, de que me permitieran entrar a la tienda ‘El Encanto’, que estaba enfrente de mi ‘centro de trabajo’ más habitual y poder subir y bajar varias veces sus enormes escaleras mecánicas al terminar mi faena diaria.

Nunca olvidaré las largas llamaradas que salían a la calle San Rafael cuando, 4 días antes de Girón, ‘El Encanto’ sufrió un ataque terrorista por parte de la ya creciente contrarrevolución en la ciudad. Así comenzó a iluminarse mi naciente adolescencia y el final de un ciclo de mi vida.

Justamente, con la invasión a Cuba del 17 de abril de 1961 y la declaración por Fidel de que Cuba sería una República Socialista, los regocijos y el encanto de millones de cubanos empezaron drásticamente a cambiar. Imagino que fue eso, casi con total seguridad, por lo que todos los que fueron con Fidel a luchar en Girón llevaban en sus ojos el grito de Patria o Muerte y porque sabían qué significaba, vencieron.

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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