Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- En todas las religiones de este mundo mentir es un pecado, pero parece que quienes fabrican campañas comunicaciones contra Cuba lo olvidan, pues el dinero es su credo y para satanizar a la Revolución los presupuestos son bien elevados para llenar los bolsillos de muchos.


La ética profesional de periodistas y editores de diarios, televisoras y agencias de noticias no existe cuando les pagan para conformar mentiras, principalmente contra países con gobiernos no aceptables para Estados Unidos, mientras silencian crímenes, abusos policiales, despidos masivos, racismo y maltrato a inmigrantes, en naciones que califican como “democracias ejemplares”.

Un claro ejemplo de mentiras y tergiversaciones, lo expuso recientemente la revista británica The Economist, al publicar un supuesto estudio que mide ciertos indicadores para calificar la democracia en el mundo, por supuesto, manipulados a su antojo para desinformar a los lectores y fabricar una imagen nefasta de los gobiernos que no se someten a los dictados de Washington.

Entre los parámetros que dicen haber “estudiado” están el proceso electoral y pluralismo, funcionamiento del gobierno, participación política, cultura política democrática y libertades civiles, otorgándole a Cuba “el segundo país con peor democracia en Latinoamérica”, calificación risible, si tomamos en cuenta los procesos que viven otras naciones del área, donde la corrupción es autóctona en las elecciones con la compra de votos, sistemas de cómputos no fiables, ausencia de cultura política por una buena parte de los ciudadanos que no saben leer, ni tienen acceso a los debates políticos, la fuerte represión contra los que poseen ideas de izquierda y gobernar es una fuente de enriquecimiento personal.

Por supuesto, la lista de los no democráticos la encabeza Venezuela, lo que indica quiénes están detrás del mencionado estudio.

Llama la atención que la afamada revista no mencione los países con un sistema capitalista salvaje que ha llevado al atraso y la miseria a millones en este mundo, ni señale el execrable golpe de Estado que prepararon los yanquis contra Evo Morales, presidente constitucional de Bolivia, con la confabulación de la OEA, para imponer a una “presidenta” que violó la decisión popular, masacró a los que protestaron, endeudó al país en solo once meses, quiso entregar las riquezas naturales al capital extranjero e incumplió la Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas y consulares.

Tampoco señalan el proceso político en Ecuador, las violaciones cometidas por el presidente Lenin Moreno, ni las de Brasil con el golpe a la presidenta Dilma Rousseff y contra Luis Ignacio Lula, a quien acusaron falsamente, encarcelándolo para evitar su participación en las elecciones.

Silencio absoluto respecto al traslado de capitales personales a paraísos fiscales, de los presidentes de Chile y Ecuador, la corrupción política generalizada en Colombia, donde pensar diferente se paga con la vida, ni las salvajes represiones policiales en Chile, Ecuador y Colombia, unido al encarcelamiento de miles de jóvenes que reclaman una vida mejor, muchos de ellos hoy ciegos por las balas de goma que lanza la policía. 

El acceso a la educación, la salud, el empleo y la seguridad de los ciudadanos está ausente de ese “profundo estudio” de la revista The Economist, parámetros que miden la calidad de vida de los pueblos y la verdadera democracia que significa la voluntad popular.   

Tal parece que aquellos que se prestaron para acusar a Cuba, se olvidaron decir que en 1976 la nueva Constitución fue aprobada por el voto positivo del 97.7 % de los electores, sin policías armados en los colegios electorales, represión callejera ni robo de urnas y que en el 2002 hubo un referéndum popular donde el 99 % de los electores cubanos ratificaron esa Constitución.

Similar proceso se llevó a cabo en el 2019, para analizar a nivel de cada barrio de la Isla, el nuevo proyecto constitucional, donde todos los ciudadanos pudieron proponer adicionar, eliminar o modificar sus artículos, previo al proceso de aprobación, con la participación en las urnas del 90,59 %, algo que no sucede en otros países, incluidos los Estados Unidos que tienen un alto por ciento de abstencionismo y posee una Constitución de casi tres siglos, necesitada de modificaciones, entre ellas la democratización del arcaico sistema electoral que dio lugar al bochornoso escándalo del 2020.

En laselecciones de Cuba, los candidatos no son postulados por ningún Partido político, ni gana el que más dinero recaude entre los patrocinadores, como sucede en otros países, que después lo cobran en “favores” económicos y políticos.

El pueblo cubano tiene una amplia cultura política, conoce y opina sobre todos los temas de la vida interna e internacional. Quienes lo duden pueden visitar el país para comprobarlo, algo que impiden los yanquis al prohibirles a sus ciudadanos la libertad de viajar a Cuba.

Los gobernantes cubanos, a diferencia de otros del mundo, se reúnen con los ciudadanos periódicamente, visitan los barrios, hablan con sus pobladores, intercambian criterios con estudiantes, artistas religiosos, científicos, obreros y campesinos, algo que no hacen otros que jamás sales de sus lujosos despachos, entre ellos el de Estados Unidos.

La pandemia de la Covid-19 fue crucial en el mundo y los dirigentes cubanos demostraron el carácter democrático de la Revolución, al reunirse diariamente para analizar el comportamiento de la misma, las soluciones científicas y necesidades de recursos humanos y técnicos, logrando estimular a los científicos para la creación en tiempo record de 5 candidatos vacunales, tres de ellos convertidos en vacunas que posibilitaron el control de los contagios, al vacunar a casi el 90 % de la población y registrarse hoy menos de mil casos diarios en toda la Isla.

En medio de la pandemia ningún cubano quedó sin empleo y fueron subsidiados por el Estado, aquellos que no pudieron trabajar por el cierre de los centros de trabajo, especialmente el sector artístico, demostrando las ventajas del sistema socialista, para molestia de quienes demonizan a la Revolución cubana.

Los yanquis, en medio de la pandemia, continúan con su implacable y genocida guerra económica, comercial y financiera, con el marcado propósito de impedir la satisfacción de las necesidades del pueblo y culpar al socialismo de ser un “sistema fallido”, incitan y financian protestas callejeras, grupos contrarrevolucionarios y provocaciones de todo tipo, con la participación de su embajada en La Habana.

Llama la atención que la revista británica no menciona que, solo el 41% de los estadounidenses aprueba el desempeño del presidente Joe Biden, ni califique al sistema electoral yanqui, donde se elige al presidente por un colegio y no directamente por los ciudadanos.

Tampoco expone los debates entre los candidatos presidenciales, en los cuales se ofenden mutuamente, dejando en un segundo plano las necesidades y reclamos del pueblo.

Respecto al robo ilegal de la información privada de los ciudadanos por parte de los Servicios de Inteligencia británicos y norteamericanos, con el empleo de sofisticados sistemas informáticos, la famosa revista The Economist no lo contempla como una acción que viola la democracia y libertad del pueblo, porque eso coloca a ambas naciones en el primer lugar de quienes pisotean los derechos humanos, la democracia y la dignidad de las personas.

A darle clases de democracia a otros, porque los cubanos saben leer y pensar gracias a la Revolución que tanto odian los yanquis.

Razón tiene José Martí al expresar:

“No hay cosa más ciega y levantisca que las preocupaciones”

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