Tenemos muchas ideas inmediatas para hacer de la organización un espacio más dinámico y fresco, representativo de todos, con efectividad, afirma la primera secretaria de la Juventud Comunista, Aylín Álvarez García. Por ello les pide a sus contemporáneos que acompañen esas propuestas y aporten otras en ese debate honesto, amplio, inclusivo, al que nunca se puede renunciar.


Juventud Rebelde.- La joven que ahora conversa distendidamente combina su maternidad con las responsabilidades en la organización de vanguardia de la juventud cubana. Por ello asegura, sin vacilar, que en sus dos hijos, Diego Alejandro y Álvaro Daniel, de seis y 11 años de edad, respectivamente, encuentra la mayor inspiración de su vida y la sensibilidad que se requiere para asumir el liderazgo de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

«Son el motor más grande de mi vida; en ellos se concretan mis sueños y aspiraciones, en ellos encuentro ese impulso para seguir haciendo, en ellos veo esa Cuba que quiero construir, mejorar, ayudar a ser parte de ella. Quiero también que mis hijos lo sean; en ellos veo la expresión más clara de la grandeza de la Revolución», dice Aylín Álvarez García, primera secretaria del Comité Nacional de la organización juvenil.

Así, escudriñando en su familia, allí donde están casi todas las claves de quiénes somos, comienza nuestro diálogo con una muchacha en cuya historia personal se descubren ejemplos de superación constante, sacrificios inimaginables y el apoyo de los seres queridos; una joven con el típico paso de quien está acostumbrada a trabajar duro.

¿Cómo combinar la familia y el deber social en tiempos tan complejos hasta para la cotidianidad de un hogar?, le pregunto mientras nos cuenta parte de su formación como líder juvenil, esa que transcurrió en el municipio artemiseño de Caimito, un lugar del cual asegura guardar los recuerdos más entrañables, «esa etapa de la vida donde se inicia todo y un universo de personas, especialmente jóvenes, muy trabajadoras, solidarias y con gran apego a la tierra y a sus frutos».

Afirma que combinar la maternidad con un encargo político o social es de los privilegios más grandes que tiene una cubana; sin embargo, no puede negar que hacerlo es difícil. «Por suerte, tengo algo que es una fortaleza, el apoyo familiar, los abuelos paternos de mi niños, porque mi familia no es de La Habana. Sin ese sostén no hubiera podido hacer ni la mitad de las cosas.

«Por eso nunca me he sentido ausente de sus vidas y aunque entrañe sacrificios mayores estaré acompañándolos. La familia es vital, sin su unidad y fortaleza la sociedad se resquebraja, por eso los que dirigimos tenemos que otorgarle tanto valor a ella como a las otras misiones».

Fue, precisamente, en el entorno familiar donde descubrió esta instructora de arte los motivos para ingresar a la UJC siendo una adolescente. «Cuando me hicieron el proceso especial de crecimiento estudiaba 9no. grado», afirma Aylín. Entonces indago cómo veía una muchacha de esa edad la política y una organización de esa naturaleza.

«No soy una excepción, así que puedo decirte que los adolescentes tienen otra visión de la política y de los entramados organizativos o funcionales de las instituciones de cualquier tipo. Apreciaba a la UJC con respeto, me parecía que aquellos jóvenes que la integraban o la conducían eran en verdad los de mejores resultados en mi centro de estudio y eso motivaba a sumarse. Hoy creo que fue una buena decisión», apunta.

Los líderes juveniles no somos robots

En una Cuba donde hacer política es cada vez más complejo tiene lugar nuestro encuentro con Aylín, quien como los niños, adolescentes y jóvenes que representa, convencida de que «debemos alejarnos de todo formalismo», nos pide abandonar el espacio de su oficina y sentarnos a conversar justo en el malecón habanero, un sitio simbólico y querido por los más nuevos.

«Mi militancia verdadera comenzó al llegar a la Escuela de Instructores de Arte 13 de Marzo, en San Antonio de los Baños. Al poco tiempo fui secretaria de mi comité de base, que pertenecía a la especialidad de Dirección Coral. Después, en el 2005, sin dejar a un lado las tareas como militante, asumí como presidenta provincial de la Brigada José Martí de la entonces provincia La Habana».

«Fue cuando llegó mi primer hijo. A mi regreso de la licencia de maternidad empecé mi vida como cuadro profesional de la UJC», recuerda la Primera Secretaria, quien en los últimos 11 años fue asumiendo progresivamente responsabilidades en la organización, desde el nivel de municipio a la instancia provincial, hasta que en 2019 llegó al Buró Nacional de la vanguardia política juvenil.

—Al hablar de política y de liderazgo político se menciona mucho la palabra sensibilidad. ¿Crees que tu formación como instructora de arte te dota, de alguna manera, para esta responsabilidad?

—No podría hablar hoy de mi formación política si no menciono lo que aprendí en mis años de formación y lo que pude aplicar cuando salí a trabajar en una escuela especial, en una secundaria básica, en el municipio… Todo líder tiene que ser esencialmente humano y tiene que desprenderse de muchos estereotipos que durante años nos han acompañado.

«Los líderes juveniles no somos robots. Somos personas comunes que tenemos los mismos problemas de los demás: tenemos familia, nos duelen cosas, nos enamoramos, nos gusta bailar…. Y ahí también esta esa sensibilidad que no podemos perder. Asumir un cargo requiere mucha responsabilidad y entrega ya no solo por uno sino por muchos».

—A veces se cree que quienes dirigen determinadas organizaciones se distancian de los intereses y gustos del común de la gente. ¿Sientes que los cargos políticos te apartaron de los gustos o intereses de tu generación?

—Bueno, esa creencia de la que hablas no funciona mucho para la UJC, aunque tampoco creo que sea así de categórica para los dirigentes en general, sin negar que puedan existir algunos que terminan fracasando. Hago la diferencia en la UJC porque nuestros cuadros están muy cerca de los jóvenes, sin ventajas materiales, comodidades especiales o prebendas.

«En mi caso es similar, me he sentido como uno más de esta generación, con carencias, preocupaciones, falta de cosas materiales que todos consideramos urgentes y llegando a casa cada día para enfrentar las tensiones propias de estos tiempos, pero con la ventaja de comprender mejor dónde están los problemas y que más podemos hacer para resolverlos.

«Siempre he sido una joven común, de las que les gusta sentarse en el parque, en el piso, de las que les gusta salir y compartir con los amigos, encontrarse con quienes no ve hace tiempo y hablar con ellos de cualquier tema, de las que les gusta hacer las cosas propias de su generación. Ahí está la clave para sentirnos útiles».

—Hay muchas preocupaciones con respecto a los jóvenes, sus proyectos de vida y la posibilidad o no de conquistarlos en Cuba. ¿Cuánto de lo que impulsa ahora mismo la UJC favorece la conquista de esos sueños en nuestra tierra?

—La Revolución siempre ha perseguido el objetivo de que los proyectos de vida de los cubanos encuentren aquí su modo de realización; de hecho, son millones los que lo han desarrollado, sobran las muestras de talentos forjados y consagrados aquí adentro, en todos los sectores. Es válido aclarar que pocos países del Tercer Mundo, incluso sin bloqueo ni bajo hostilidad extrema como es nuestro caso, han podido garantizar a sus jóvenes el desarrollo personal y profesional a los niveles logrados por Cuba.

«No podemos olvidar que aquí funciona una paradoja cruel: el bloqueo hace todo lo posible por impedirles a nuestros jóvenes el pleno acceso a las tecnologías, instrumentales, bibliografía especializada, les limita sus horizontes y luego viene la propaganda, la manipulación con fines políticos y les insta a la decepción y a buscar todo eso en otras latitudes, siempre y cuando sus frutos se recojan allá y no aquí.

«Sin embargo, seguimos apostando por un proyecto de vida nacional y la UJC trabaja en esto, tiene el propósito de hacer más cosas con los ministerios, con las instituciones y organismos, para buscar oportunidades y respaldar el talento de cualquier joven que aspira a aportar. Queremos, y ya damos pasos en eso, acercarnos más a los trabajadores por cuenta propia. Estar atentos a las posibilidades para el desarrollo de jóvenes en las Mipymes y ser más activos en las ofertas de empleos, por ejemplo.

«La organización debe liderar los procesos de las nuevas generaciones sin ceder espacios de movilización, de actividad juvenil y debe abrir otros para dar tratamiento a cada inquietud de los jóvenes de manera variada, novedosa y motivadora. Se trata de ganar protagonismo real, para hablar con todos, buscar consensos y transmitir esencias.

«Alcanzar estas metas supone transformar el funcionamiento del comité de base y que este sea en verdad un espacio diferente, conducido por jóvenes de vanguardia y con capacidad real de liderazgo y movilización. Necesitamos una militancia activa, participativa, que aporte a los procesos de la organización y sea identificada por todos como paradigmas del colectivo».

—La COVID-19 nos puso a prueba a todos, desde lo individual hasta lo colectivo; ha sido una gran batalla por la salud y la vida, donde los jóvenes se han crecido...

—Ya hace más de un año que estamos enfrascados en esta dura batalla contra la pandemia y antes estuvimos en las acciones por la contingencia energética o la solución de los desastres que dejó el tornado que azotó la capital. En verdad, la respuesta ante la pandemia ha sido extraordinaria, te puedo decir que ya sobrepasan los 119 000 los estudiantes y jóvenes que se sumaron a labores sociales y productivas.

«Nuestros muchachos y muchachas, militantes y no, están aportando en 17 tareas vitales para el país. Si tú vas hoy por Cuba te los podrás encontrar en el surco, en las construcciones, fiscalizando precios, apoyando en el transporte, donando sangre, respaldando la entrega de módulos alimentarios.

«Es imposible no verlos, sentimos un profundo orgullo de una juventud como esta. Precisamente, en un encuentro en julio pasado, nuestro Presidente aseguró que los jóvenes habían encontrado su Moncada y ello constituye el más alto reconocimiento que han recibido. Cada joven lo ha sentido así».

—Entre quienes se manifestaron el 11 de julio un número significativo eran jóvenes, algunos incluso entre los más violentos. ¿Qué le provocó esas imágenes?

—Dolor, insatisfacción y urgencia de respuestas, porque la conducta de cada joven, sea de donde sea, es también una responsabilidad de la UJC, que tiene el encargo constitucional de representar los intereses de todos los niños, adolescentes y jóvenes cubanos, militantes o no.

«Tengo la convicción, y no es solo un criterio mío, de que aquellos que se manifestaron de forma violenta o que maniobraron para mover sentimientos e insatisfacciones en dirección a intereses desestabilizadores, no son el reflejo de la mayoría de nuestros jóvenes.

«No estamos ajenos a lo que pasó el día 11 en circunstancias muy complejas para el país, una gran parte de ellas provocadas por el endurecimiento del bloqueo y el desgaste de la economía asediada por más de 240 medidas de cerco y las secuelas de la COVID-19.

«Hay otros factores que obedecen a problemas subjetivos y situaciones sociales acumuladas que no siempre se han podido atender de la mejor manera. Sin embargo, esos problemas no salieron a la luz por los sucesos de ese día, pues ya venían siendo analizados y abordados desde antes, incluso con acciones políticas diseñadas y expuestas en el 8vo. Congreso del Partido.

«Hay muchos desafíos y no dudamos en enfrentarlos. La dirección del país está mostrando el camino, que es el diálogo sincero, escuchar a todos con respeto, pero sin ceder un milímetro en nuestra soberanía. Sin perder de vista el plan mayor que está detrás de la manipulación y los intentos desestabilizadores, un plan que tiene en los jóvenes su objetivo. Mover sus lógicas preocupaciones, aprovechar sus carencias y estados de ánimo para convertirlos en carne de cañón es el desafío de ellos; no permitirlo es el de nosotros y no dudaremos en asumirlo».

—Como dijo en el 8vo. Congreso del Partido su Primer Secretario «es preciso hablar y compartir realizaciones con nuestros jóvenes como las más importantes personas que son; distinguirlos como gestores de las transformaciones en marcha»...

—La masa juvenil es muy heterogénea y tenemos el deber, a partir de su diversidad, de educarlos en torno al fomento de valores, el amor a la Patria y al trabajo, la decencia, la prevención y el combate contra las indisciplinas sociales y conductas nocivas.

«Es vital ejercer influencia a partir de la participación y la inclusión sin menospreciar a los que manifiestan opiniones diferentes o se vinculan laboralmente en el sector no estatal. La UJC, tal como el Partido, es única y ese carácter no admite que el trabajo no sea amplio o que propicie discriminaciones de ningún tipo.

«Resulta imprescindible mantener un diálogo activo, intercambiar sobre las realizaciones de los jóvenes, empoderarlos y distinguirlos como gestores de las principales transformaciones, sumarlos con su natural entusiasmo».

—Los que promueven una dura campaña de odio contra la Revolución Cubana, nuestro pueblo y sus jóvenes, no paran de satanizar al comunismo, a los comunistas y sus organizaciones representativas. ¿Qué les responderías sobre lo que es ser joven comunista en la Cuba actual? ¿Cómo favorecer el socialismo como ideal humano?

—Hay una cosa muy interesante en eso que dices, es la campaña para culpar al comunismo o al socialismo de todos los males y desgracias de la humanidad, es como si la pobreza o el hambre fueran un asunto de comunistas. Pero si vas y miras en el mapa del mundo podrás contar con los dedos de la mano los países del sistema socialista, comunista y, entonces, ¿de quién es culpa la brutal desigualdad, el odio, el racismo, la violencia, el desempleo y otros males que pululan en el resto del planeta? Entonces, ser joven comunista es comprender que el culpable real de los males del mundo es el capitalismo y contra ese sistema absurdo y destructivo se puede luchar mejor con las ideas marxistas, con las ideas comunistas.

«Primero que todo habría que dejar claro qué tipo de socialismo queremos y defendemos, que no es un socialismo de carencias o insatisfacciones, pero a ese otro llegaremos si no perdemos el que tenemos hoy, asediado, imperfecto, sometido a las más brutales presiones que buscan justamente el cansancio y la renuncia, sembrar la convicción de que no funciona y regresarnos al capitalismo que no resolvió los problemas de Cuba en seis décadas y que fue barrido por una Revolución popular».

—Durante los debates de la nueva Constitución de la República estuvo la dicotomía de poner la aspiración de llegar al comunismo o quitar esta palabra. ¿Qué pensaban ustedes cuando escuchaban esa discusión?

—Quitar la palabra solo significaría una concesión a los que la han demonizado y le temen, porque saben que ella es mucho más grande que sus letras. Ser de ideas comunistas es una actitud ante la vida, es irse al lado de los que buscan la justicia y aborrecen la desigualdad. Podría ser otra palabra, aunque si queremos que nuestros niños,  adolescentes y jóvenes sean solidarios y patriotas dignos no encontramos mejor opción que formarlos como comunistas. No se le puede temer a esa palabra y no vamos a renunciar a ella.

—Hace unos días fue presentada la convocatoria para celebrar los 60 años de existencia de la UJC, ¿cuánto hay que cambiar en el liderazgo juvenil para seguir encabezando los sueños y aspiraciones de su generación?

—Vamos por buen camino hacia el cumpleaños 60 de nuestra organización. Si tomamos en cuenta que en estos meses intensos de pandemia, de recrudecimiento del bloqueo, de agresiones, de amenazas, de aporte social y económico y, sobre todo, de los triunfos que ha tenido la Revolución, se ha contado con el papel protagónico de los jóvenes.

«Eso constituye un orgullo para nuestra organización. Ver cómo sus jóvenes se crecen todos los días, cómo la mayoría de las personas, en la calle, borran de su mente esa frase de que la juventud está perdida. Podemos decir, con modestia, que hoy la juventud está más presente que nunca, siempre acompañando su Revolución, desde cada puesto y lo que le toca hacer.

«Sin embargo, en estas seis décadas de historia como vanguardia hemos tenido que reinventarnos para estar más cerca de los jóvenes militantes y de todos los que representamos como UJC, y porque el momento que están viviendo las nuevas generaciones es trascendental no solo para ellas, sino también para el futuro del país, algo que debemos tener bien claro.

«En nuestra existencia está claro el objetivo de ser una organización más cercana, fresca, útil, que llegue a todos los jóvenes como tenemos que hacer por mandato constitucional, y ser tan heterogénea y diversa como las juventudes que existen en el país. Entender eso desde la organización es también un reto al que nos enfrentamos y tratamos de que quienes dirigen transmitan con hondura y argumentos, sobre todo, lo que nos falta por hacer.

«Conducir una organización de tanta historia entraña un compromiso enorme, pero la mayor fortaleza es que no asumo esa tarea en solitario. Hoy el liderazgo es colectivo. Como Buró Nacional actuamos de conjunto y concertamos las propuestas. Ese es, a nuestro juicio, el método de liderazgo que el momento exige, la dirección colectiva.

«Contar con la presencia física de la Generación histórica, de esa confianza que siempre ha depositado en su juventud, es algo que la organización tiene la responsabilidad de transmitir a cada niño, adolescente y joven, sobre todo a esa generación que no ha podido vivir las hazañas, la entrega y el esfuerzo de muchos de nuestros eternos rebeldes.

«La organización tiene que seguir hablando de su historia, de cuánto costó tener lo que tenemos y disfrutar de derechos como la educación, la salud, la cultura, el deporte… que hoy son una utopía para otros en el planeta, y nosotros, además, los hemos mantenido en medio de tantas complejidades, en medio de guerras de cuarta y quinta generación.

«La UJC de hoy es ya una continuidad muy fuerte, porque sus miles de militantes son revolucionarios de ahora y darán paso a revolucionarios del futuro que ahora andan por las organizaciones estudiantiles».

—Entonces, ¿qué le dirías a aquellos que no confían en la UJC como una organización de vanguardia?

—Les pediría que confíen, que no lo hagan ciegamente, que no es necesario confiar porque se lo pidamos, sino porque ellos mismos observen lo que están haciendo ahora mismo miles y miles de jóvenes comunistas y otros que no lo son y están siendo movilizados por la UJC o se están sumando espontáneamente a nuestras actividades.

«Les diría que tenemos muchas ideas inmediatas para hacer de la organización un espacio más dinámico y fresco, representativo de todos, con efectividad. Les pediría, sobre todo, que nos acompañen en esas ideas y que nos aporten otras. Vamos con todo a participar, a crear, a construir. La Juventud va a seguir viviendo y renaciendo en lo que hace todos los días. Cuba vive hoy más que nunca y, por supuesto, vive en sus jóvenes».

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