Raúl García Sánchez* - Vocesenlucha


Racionalmente pienso que lo más interesante de Venezuela está fuera de Caracas, perdiéndose por los plurales interiores. Irracionalmente amo pasear por Caracas. Me gusta la Caracas por unos días. Esa que siempre me deja con ganas de más. Paradójicamente, sería fácil adaptarse a vivir aquí, pienso, pero es pura ilusión, jamás cambiaría Sanare por Caracas.

Desde la terminal La Bandera partimos hacia el Estado Lara, rumbo Barquisimeto. La camioneta avanza por la autopista y la Venezuela verdeada nos saluda. El pasado año, llegados en febrero, el paisaje era otro. Los montes se veían secos, como campo recién quemado. La temporada de lluvias cubre en cuestión de días de un manto verde la tierra venezolana, sin dejar rastro de insinuaciones áridas. En Lara la realidad cambia. El modo de hablar cambia. La música cambia. Guaros, se conoce a la hospitalaria gente de por acá. Nos ubicamos, por unos días, en una zona periurbana de Barquisimeto, donde lo campesino sigue resistiendo con su presencia. En las busetas que van desde aquí hasta el centro, entre los trabajadores asalariados y profesionales o la gente que baja a hacer algunas compras, convive, tímida, la realidad campesina. Un hombre con cuatro botes transparentes de abejas se sube a la interminable buseta que avanza a ritmo de tortuga asmática. El chófer frena ante el giro brusco de un camión cargado `hasta los tequeteques´ de plátanos. Primero los plátanos, ¡faltaba más! Sobre ellos, en lo alto del camión, dos trabajadores del campo. Uno sentado, como vigilando la ciudad, otro durmiendo a pata suelta, protegido su rostro del sol barquisimetano con una franela de rojo revolución. En otro trayecto, un pasajero porta como 8 cepillos de barrer diferentes, una escardilla y otros utensilios de labranza. Detrás de mí, un hombre de mediana edad, con aspecto humilde y popular conversa con un joven que podría ser su hijo. Con lenguaje preciso que soy incapaz de emular, le platica sobre la influencia de músicas como el reguetón en la percepción hacia la mujer, los estereotipos sexistas y cómo la maquinaria cultural crea imaginarios desiguales y patriarcales. Escuchándole pienso que sería impensable esta estampa sin la mediación de un proceso de transformación como el chavista.

“Por aquí pasó Chávez”, reza un cartel entrando en el corredor donde se ubica la Casa de la CORENATs. Recibe este nombre porque acá vive Rosa Inés, la hija menor del Comandante. “Siendo Chávez presidente, solía visitar a la hija y era normal verle pasear por aquí”, nos relata con orgullo Armando. Zona chavista por antonomasia, conviven sectores urbano-populares y semi-campesinos con casas clasemedieras y segundas residencias. Salgo a trotar entre murales del Comandante, frutas de cooperativa, algunos caminos de tierra, asfalto, canchas y estadio. Mucha actividad deportiva en el entorno. También iglesias evangélicas, cada vez con más trabajo y arraigo en los barrios de Venezuela. Sufrimos los domingos una de ellas, que linda con la Casa. Desde nuestra primera visita al país, en 2016, el avance de estas iglesias ha sido espectacular. Así en toda América Latina. ¿Casualidad?

Nosotros continuamos con nuestro evangelio. Para compartir nuestro primer taller de esta temporada en la Escuela de Comunicación Popular Siembra Venezuela de la CORENATs (Coordinación Regional de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores), nos desplazamos hasta Los Pocitos, en el otro extremo de Barquisimeto, uno de los sectores más populares. “Comunidad vulnerable” y por ello Base de Misiones, es de atención prioritaria en políticas sociales del gobierno como la bolsa de alimentos del CLAP, respuesta articulada entre las instituciones y el poder popular para garantizar unos mínimos alimenticios en tiempos de guerra.

El taller se realiza en una antigua biblioteca de la comunidad, hoy abandonada, sin estantes y con apenas unos libros amontonados en un rincón. Otra víctima de la guerra multidimensional y sus consecuencias a la interna, que incluye otras vainas relacionadas con la conciencia de quienes hacen parte del proceso. Entre las propuestas del grupo, surge la necesidad de volver a activar esta biblioteca. Se comparten varias ideas. Las apunta en su libreta Deninson Escalona, nuestro querido “Coquito”, quien además de vender desde sus 16 años esos maravillosos dulces de coco, es comisionado de economía productiva de la juventud del PSUV en la parroquia Guerrera Ana Soto y facilitador estadal de Jóvenes del Barrio. Trabajador entusiasta por la comunidad, su espacio natural de militancia desde niño y ahora adulto como colaborador, es la CORENATs.

El taller con las niñas y niños lo desarrollan los propios colaboradores y delegados que acompañan al grupo, quienes quieren compartir los avances en la propuesta de trabajo. Felices tras constatar el caminar autónomo de SUPRONATs, nos metemos en la creación del inicio del cuento viajero que pasará por todos los grupos y compartimos algunas ideas para este año. Sumaremos al trabajo que se viene desarrollando los juegos tradicionales y populares así como la noticia, en un proceso de investigación-socialización donde la propuesta es intercambiar con la comunidad mediante el Casa a Casa: visitas organizadas de los niños a las casas de la comunidad para investigar, compartir y socializar, comenzando por los juegos tradicionales a los que jugaban madres, padres, abuelas y abuelos. Para trabajar tanto las noticias (del grupo, la comunidad, el municipio…) como la socialización de otros trabajos culturales y recreativos, rescatamos el Periódico Mural, propuesta de nuestro querido maestro mexicano, miembro del Comité asesor internacional-ista de Vocesenlucha, Gilberto López y Rivas. La tarea es constatar, en plena época del capitalismo digital y eso que algunos llaman Cuarta revolución industrial, la utilidad y vigencia de trabajar combinadamente con formas tradicionales de comunicación, en especial en comunidades populares y campesinas. Asumimos colectivamente el reto.

Finalizado el taller, caminamos escoltados por los chamitos hasta el hogar de la familia del señor José Arquímedes Escalona, que hoy atraviesa momentos difíciles. Junto a caminos de tierra, avanzamos entre casas unifamiliares construidas por el programa “sustitución de rancho por casa” de la Gran Misión Vivienda Venezuela. La iluminación nocturna ha llegado recientemente al barrio en forma de farolas de neón por obra de la alcaldía de Iribarren. Entre este paisaje árido de tierra seca donde nadie apostaría que creciera ni la mala hierba, habita un pequeño oasis en forma de conuco con papayas, parchitas, lechosas, yuca, maíz, cilantro, cebollín y hasta compós de humus de lombriz. Un pequeño laboratorio agroecológico en el hogar de la familia Escalona.

Hace apenas unos días, Arquímedes perdió a su compañera Marlene. Tremendo golpe para la familia y tremenda ausencia la de esta señora, alma silenciosa del proceso organizado de la CORENATs en Los Pocitos, quien animaba siempre a las niñas y niños a participar en las actividades. Cuando visitábamos su casa o realizábamos allí encuentros o talleres, la señora Marlene nos convidaba a jugo o malojillo. La entrevistamos hace unos meses, cuando visitó la comunidad el grupo de teatro Mamafele, y nos contaba que nunca se había visto algo igual en la comunidad.  Cuidadora imprescindible, se hace duro regresar y no ver su sonrisa. Recibimos con ojos vidriosos el abrazo sentido de la familia. Con la generosidad de siempre, nos brindan un almuerzo y conversamos con el compañero de vida de Marlene, el señor José Arquímedes, ingeniero popular que con su gran sabiduría en cuestiones de plantas, libros, inventos y artesanías, aporta conocimiento y motivación al grupo de niñas, niños y jóvenes de SUPRONATs. “A mí no me gusta leer. A mí no me gusta estudiar. A mí me gusta escudriñar”, afirma tras un rato de conversa. Hoy está más espiritual que de costumbre. Hombre creyente, reflexiona sobre la muerte, la memoria, el recuerdo, pero también sobre la magia negra y de otros colores. ¿Conocen la magia verde?, pregunta. Es la magia de las plantas, dice mientras platica sobre lo divino y lo humano. Nos consulta por la situación en España. Tras escucharnos, y sin haber escuchado ese tema, afirma categórico: “en España no se van a liberar hasta que no caiga la corona”. E insiste. “Cuando la corona caiga, es que ustedes se liberarán”. Cosas de un proceso revolucionario. A 7 mil kilómetros de distancia, un hombre de 87 años que nunca fue a la escuela tiene más claridad política sobre nuestra tierra que el ciudadano medio del Reino.

De Los Pocitos emprendemos el recorrido de regreso en una buseta que agarramos junto a La Gallera a las 2:30 pm. Saco de la mochila un libro de Educación Popular y con Paulo Freire caigo en un sueño infinito mientras la camioneta avanza lentamente bajo el tórrido sol. Despierto más de media hora después en el mismo bus, ahora bajo la lluvia. Desorientado, sin libro en mis manos, miro a mi lado y Vanessa ha envejecido 40 años. Comprendo que ha cedido su puesto a una señora mayor, giro la vista atrás y me encuentro con su risa entretenida. Recorrer en busetas de punta a punta Barquisimeto puede demorar como 2 horas. Lo mismo que viajar a Sanare, nuestro próximo destino. Tierra de duendes, poetas, zaragozas y montañas verdeazules. Pero eso requiere otra historia.

 

Raúl García es antropólogo y comunicador de Vocesenlucha

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