Omara Durand Elias, de Cuba, compite en la final de 100 metros T12 en el atletismo de los VII Juegos Parapanamericanos Santiago 2023, con sede en el Centro Atlético Mario Recordón, el 23 de noviembre de 2023 en Ñuñoa, Santiago, Chile. FOTO: Calixto N. Llanes/Periódico JIT (Cuba)


Santiago de Chile, 25 nov (Prensa Latina) Como dolorosa califican hoy la descalificación de la cubana Omara Durand y su guía Yuniol Kindelán, tras ganar la final de los 400 m en el atletismo de los VII Juegos Parapanamericanos Santiago 2023.

Durand, plusmarquista mundial en las tres distancias de la velocidad y múltiple monarca del orbe y paralímpica, conquistó en esta capital los cetros en 100 y 200 metros, pero lamentablemente resultó descalificada al término de la final de la vuelta al óvalo tras aplicarse el artículo 7.9.5 del reglamento técnico.

Omara y Yuniol vencieron con extrema facilidad, pero la atleta soltó la soga o liga que la une a su guía cuando restaba menos de un metro para cruzar la meta de la competencia.

Jorge Reinaldo Palma, director técnico de la delegación cubana en esta cita multideportiva, explicó a la prensa que dicha cuerda no puede ser soltada ni por el atleta ni por el guía hasta traspasarse la meta en cualquiera de los eventos de pista en que se concurse.

«Resulta lamentable para nuestra delegación y en particular para Omara y Yuniol, pero tras reclamar, pues no estábamos claro de lo sucedido, se nos facilitó visionar el video de la prueba y se aprecia con claridad que efectivamente infringió la regla señalada», detalló.

Compartimos el dolor de Omara, Yuniol, la entrenadora Miriam Ferrer y todos los integrantes de la delegación, pero la violación se cometió, de ahí la descalificación, apuntó Palma.

Esta hubiese representado la medalla de oro número 14 para la gacela antillana en citas multideportivas parapanamericanas, cosecha que inició en la edición de Río 2007 y siguió en Guadalajara 2011, Toronto 2015, Lima 2019 y ahora Santiago 2023.

La víspera de este fatídico desenlace, la gacela antillana declaró a Prensa Latina encontrarse en muy buenas condiciones para encarar el próximo año sus cuartos Juegos Paralímpicos y aumentar su cosecha de ocho doradas bajo los cinco aros.

Su palmarés en citas continentales podría haber concluido, pues la aventura estival en París 2024 podría resultar la última gran competencia de una de las mejores deportistas cubanas de este inicio de siglo, quien lo ha conquistado todo.

 

Omara corre y Cuba corre; Omara llora y Cuba llora

Joel García

Cubadebate

No he podido escribir sobre las actuaciones de Cuba en los Juegos Parapanamericanos de Chile. Pero hoy domingo es el cumpleaños de Omara Durand y el cierre de esta cita. Aquí va mi crónica a ella, que sirva a toda esa delegación.

***

Desde que apareció en la escena competitiva, Omara Durand entrega toda la luz que le falta en sus ojos corriendo. Así debutó con 15 años, así ha crecido como deportista y mujer. Y más que ganar medallas y subir al podio (que le encanta) lo más cautivador ha sido su sencillez, su amor por la familia, por los amigos y por Cuba. Pero algo pasó en Chile que no esperaba. Y la vimos llorar. Y Cuba lloró.

Tras los títulos en 200 y 100 metros en su categoría (T12), Omara y su guía Yunior Kindelán buscaron su tercer oro en esta cita en los 400 metros. Todo salió de maravillas: arrancada, paso elegante, remate final y victoria holgada. Pero un detalle empañó la celebración, víspera de su cumpleaños 32. Lo que tantas veces han ensayado y practicado falló. Soltaron la cuerda que une al guía con la atleta antes de pasar la línea de meta (algo perceptible solo en video) y como establece el reglamento, fue descalificada.

Por supuesto, nuestros técnicos pidieron revisar una y otra vez las imágenes. Omara estaba llena de lágrimas. Yunior no podía creerlo y también se llenaba de lágrimas. Tras ratificar la medida, la santiaguera tragó palabras de dolor. No hubiera querido despedirse así de una cita que no solo cerraba sus cortinas al día siguiente, sino que era su última a nivel continental, pues ya anunció su retiro luego de los Juegos Paralímpicos de París 2024.

Las declaraciones dadas a los colegas en la sede mostraron esa mezcla de tristeza y vergüenza; de impotencia y autocrítica; de amor a sus seguidores y a Cuba. Jamás había ocurrido y no le complacía perder sin ser derrotada por una rival. Omara no corre solo para ganar. Omara corre porque es un símbolo para personas como ellas y para todos, hagan o no deportes.

Cuentan que esa tarde-noche de sábado llegó a la Villa y no salió de su habitación. Volvió el llanto y volvió el dolor. Y solo a las 12 de la noche, cuando el reloj marcó su cumpleaños se levantó, abrazó a su entrenadora, a su guía, a sus compañeros de tantos esfuerzos y competencias. Ese detalle minúsculo que le privó de su oro 14 en la historia de estas justas ya era insalvable. Y solo quienes como ella, se arriesgan a correr con tanto amor, saben lo que se siente en momentos como ese.

Siempre he defendido que en el deporte para atletas con alguna discapacidad no cabe en medallas o trofeos. Por más que se reitere, ellos tienen un valor plus por encima del deportista convencional. Sus historias personales son increíbles (a veces poco conocidas por las desgarraduras que entrañan) y algunos hasta nacieron así o han vivido muchos años, como Omara, con esa discapacidad (en su caso visual).

Ahí radicará siempre el mayor de los premios. Por eso Omara Durand falló ahora, pero su huella es enorme y no cabe en una crónica de un periodista, ni en un documental televisivo. Y esa delegación completa en Chile, con nombres quizás menos mediáticos que los de ella, pero igual de valientes y enamorados de ser útiles a la sociedad, merecen nuestro abrazo. El abrazo de un pueblo. El abrazo de un país. Como el que sintió Omara este domingo por su cumpleaños. 

(Tomado del perfil de Facebook del autor)

 

Omara Durand: No puedo dejar esa imagen en los míos

Raúl Hernández Lima

Cubadebate

La información corrió de boca en boca, en voz baja, como si se tratara de un asunto de la mayor gravedad. Y lo era... Omara Durand no aparecía en las listas oficiales como ganadora de la prueba anterior en la pista.

Unos minutos antes había entrado primera en los 400 metros categoría T12 con esa exuberante distancia sobre los rivales, la misma de sus 13 medallas de oro en Juegos Parapanamericanos, la misma que no sorprende a nadie.

Omara tiene la fórmula del alquimista para convertir todo lo que corre en oro. Por eso sorprendía que no fuera ella la ganadora, tanto que el estupor invadió a los enterados como una pandemia del absurdo que contagiaba velozmente.

Pronto todos hablaban de la regla 7.9.5 y sus interpretaciones, esa que concierne a la asistencia a los atletas. Pasó de insignificante postulado del mamotreto al más aclamado y estudiado. Eso también lo genera Omara: noticias.

Sucedieron reclamaciones más válidas para arropar a la campeona que para provocar en los oficiales un cambio en el fallo. El veredicto inapelable se llenó de adjetivos más grandes mientras más estrecho era el tramo en que se soltó Durand de su guía para entrar con los brazos abiertos a la meta y celebrar lo que nadie más consiguió en su categoría.

La noticia de la descalificación desmoronó a todos, pero más a ella, sin consuelo y el centro de la polémica y la decepción. “Siento una pena enorme con el pueblo de Cuba. La gente me sigue y espera mi carrera para disfrutarla”, respondió sobre el suceso horas después, cuando debiera estar celebrando su cumpleaños.

Si se ausculta la firmeza de la decisión, si se rasga en la epidermis escorada de legalidad, se antojó cruel y exagerado el veredicto. Sin embargo, la justicia no está dada a valoraciones más que a hechos.

“Lo más triste de todo es que corrí, que me vieron, que la gente lo disfrutó y de repente dicen en las noticias que me descalificaron. Estoy muy sentida con eso”, matiza inundada por la ciclotimia derivada de los acontecimientos.

Llama la atención su responsabilidad porque no es egoísta, no la mueve la vanidad de la cifra, ni necesita la autocomplaciente estadística de una medalla porque tiene tantas que pudiera repartir: a Omara le duele su gente.

“El esfuerzo, los sacrificios y los resultados me han llevado a eso, sé lo que significo para el pueblo de Cuba, para mi familia, para el país. Todo el mundo confía en mí y de pronto sucede esto, no es lo mismo que me hayan ganado, que me haya llevado una arrancada, que haya pisado una raya, pero así no...”, reclama todavía presa de la emoción y la angustia.

Luego se repone del abismo sentimental que la inunda porque entiende más que muchos de superación. “No puedo dejar esa imagen en los míos, esto va a pasar porque mi mayor empeño es llegar en la mejor forma al certamen mundial de Japón y luego a los Juegos Paralímpicos de París 2024. Le prometí a Yuniol y a Miriam, mi entrenadora, que eso nunca más sucedería. He sentido la tristeza más grande de toda mi carrera”, dice con la vergüenza y ese coraje con que asume cualquier responsabilidad.

Las lágrimas de su guía y las de ella van a dejar de brotar. Sucederá en Japón y en París, cuando entre cargada a la meta con el honor del juego limpio, investida de dignidad y vergüenza.

Entonces sí podrá dedicarlo, como quería esta vez, al que dio en llamar “el hombre más grande del mundo terrestre”, Fidel. Ese día en París, el último de su carrera, irá de la mano de Yuniol Kindelán hasta el final.

(Tomado de Jit)

 
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