Por Lorenzo Gonzalo*/Foto Virgilio Ponce -Martianos-Hermes-Cubainformación.- Hace un par de días recibí una calcomanía de la Asociación Nacional de Rifles con el pedido expreso de que la coloque en la defensa del auto y también algunos ofrecimientos a bajo precio, para adquirir indumentaria relacionada con la posesión de armas.


Desde hace varias semanas este asunto del derecho ciudadano a portar armas de fuego ha sido puesto en entredicho y hay ciertos movimientos de grupos cívicos presionando para que se tomen medidas que limiten y en el mejor de los casos terminen por prohibirlas.

Se trata de “ciertos movimientos” y del criterio del Presidente Obama quien definitivamente no parece simpatizar con ese supuesto “derecho”.

La historia la sabemos porque ha sido repetida muchas veces. Se trata de la Segunda Enmienda de la Constitución, la cual establece que “una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad del Estado, no debe infringir el derecho de las personas a poseer y portar armas”.

Aunque el párrafo está claro y el mismo invoca la necesidad de mantener la defensa organizada de la nueva nación, entre otras cosas a través de una milicia que precisamente durante la Guerra por la Independencia de Inglaterra había dado muestras de su efectividad a la hora de defender los territorios, las facciones sociales han distorsionado su lenguaje.

Por suerte en este caso, las facciones sociales no tienen ningún poder en la nación del Norte de América.

Desenredar esa distorsión parece que ahora resulta bastante complejo.

El asunto volvió a cobrar vigencia cuando ocurrió la terrible matanza de veinte niños, seis adultos y la propia madre del victimario en el poblado de Newton, perteneciente al estado de Connecticut. Es un ciclo que se repite. Cada vez que hay una de estas matanzas la cuestión vuelve al candelero público.

En realidad no hay consenso para la erradicación de este supuesto derecho a portar armas.

Quienes la defienden con dientes y puños y aquellos que mayoritariamente vociferan a su favor, son dos sectores que coinciden con el resultado, aunque no por las mismas razones.

Uno de ellos es el grupo de los cazadores profesionales y deportistas, que quizás lo compongan dos o tres millones de ciudadanos. No tenemos los datos exactos respecto a ese grupo, pero conociendo que la Asociación del Rifle tiene cuatro millones de miembros, podemos asumir que posiblemente, las dos terceras partes son defensores de los deportes relacionados con las armas.

El otro millón y una cantidad indeterminada, que posiblemente supere numéricamente dicha Asociación, son fanáticos que a partir de la Guerra de Secesión fueron elaborando la teoría del “Estado Malo” y el “ciudadano bueno”, el ser humano “independiente”, “no sujeto a leyes o al menos obligado sólo a un mínimo de regulaciones”, quien consiguientemente, “debe estar armado” para enfrentar la “inevitable usurpación de poderes hacia la cual marcha dicho Estado”.

Este galimatías está en el centro de quienes lideran la posesión de armas de fuego, la cual no consiste en abogar por el derecho a disponer de escopetas de caza y de armas deportivas para la práctica de tiro, dentro de las diversas modalidades sino defenderse del Estado y eventualmente incluso, posesionarse de su mando. Estas son las personas que tienden a confundir la dichosa enmienda, convierten en acólitos a algunos leguleyos que les sirven como pantalla y voceros dispuestos a enredar la simpleza del párrafo de la Segunda Enmienda, trocando el derecho de poseer armas de caza por el maligno “derecho a poseer armas de guerra” es decir, aquellas que se usan para matar personas y no esas otras utilizadas en el noble deporte de la caza. Está claro en dicha Enmienda el derecho a poseer armas ofensivas es para la milicia. El otro, el derecho a la caza y el deporte no es asunto constitucional en ninguna Carta Magna.

El derecho a portar armas que reclaman los rabiosos fanáticos es precisamente para enfrentar al Estado y en el mejor de los casos para que el Estado esté consciente que hay cancerberos dispuestos a asaltarlo, cuando se extralimite en funciones que no se acomoden a sus intereses racistas, individualistas y agresivos.

Son simples orates que no han razonado que el Estado solamente les permitirá armarse hasta el punto en que esas personas se conviertan en una amenaza del Poder.

El Estado está consciente de esto y es como un juego donde parece ser que los deja caminar pero no está dispuesto a permitirles correr.

Solamente analizando el asunto de esta manera podemos entender cómo las facciones de Poder manejan el tema.

Aprovechándose de la necesidad de resolver la crisis migratoria, y orientados a ganar puntos para la próxima contienda electoral por la presidencia, el peligro de las armas, la matanza de los niños de Newton y las algarabías pertinentes, quedan bochornosamente silenciadas. Las medidas que lleguen a implementarse, es posible que, como si se tratase de un gran avance, solamente se encaminen a reducir tímidamente, “el número de víctimas” que ocasiona periódicamente la existencia un arsenal de millones de armas diseminadas por los hogares y negocios del país.

Ningún político quiere enfrentar el costo de terminar con esto de una vez y por todas, porque ello pondría en peligro para una de las partes, la posibilidad de ganar el evento deportivo electoral. Como el Estado es sumamente poderoso para no temer a unos cuantos miles de rifles de asalto en manos de un grupo de locos, prefiere enfrentarse ocasionalmente a la tragedia de unos cuantos inocentes muertos, antes que uno de ellos pierda la contienda.

Lo más importante es permanecer en el Poder y eso no peligra porque un par de millones de locos posean armas de cierta capacidad ofensiva. Ninguna fuerza de este tipo podría enfrentar, ni siquiera un par de minutos, la fuerza aplastante de un Estado como el de Estados Unidos de Norteamérica.

En este sentido deben preocuparse la mayoría de las naciones, pero no es asunto de seguridad para un Estado tan poderoso como este, el cual puede darse el lujo de que sus ciudadano tengan un supuesto “derecho al armamentismo”, dejando la impresión de que es una sociedad coherentemente unida.

Considero que basado en las realidades expuestas es que el Poder apela al método de padre consentidor, tratando a estos antisociales como a niños malcriados, aunque eso signifique que de vez en cuándo, el país deberá lidiar con masacres de víctimas inocentes, que por lo general son causadas por los confundidos de tanta desinformación y por los malos ejemplos provenientes del Estado mismo, respecto a la violencia y el desprecio por la vida.

Posiblemente el día que las Facciones del Poder estén dispuestas a sacrificar durante un par de períodos presidenciales, la alternancia de la Administración del Estado, sin importar cuál de las dos se va a hacer cargo de la misma, esta situación quedará resuelta y el derecho a portar arma será patrimonio exclusivo de la Guardia Nacional, quien es en realidad la milicia del país, donde se prestan trabajos voluntarios de defensa, donde se admiten voluntarios, la cual de hecho, está integrada por un alto número de voluntarios.

Esta es la verdadera representación de una ciudadanía armada integrada por “una milicia regulada… necesaria para la seguridad del Estado…”

Esto es en resumen cómo lo pienso yo y cómo lo veo.

Lo dejo escrito para deleite de aquello que entienden y para esos otros que no quieren entender.

*Lorenzo Gonzalo periodista cubano residente en EE.UU., Subdirector de Radio Miami.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

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