Todas las acciones de Estados Unidos contra Cuba pretenden exterminar por hambre y necesidades al pueblo, no al gobierno. Es el pueblo quien sufre cada una de las medidas de guerra económica que aplican los yanquis, lo que resulta una total violación de los derechos humanos y que el mundo rechaza anualmente en la votación de la ONU, aunque no actúa para condenar al régimen yanqui, ni se toman medidas para obligarlo a cesar en su cruel empeño.


Por el contrario, la mayoría de los países que votan a favor de la resolución cubana, acatan las sanciones de Estados Unidos en su empeño inhumano contra el pueblo, entre ellas no invertir en la Isla ni permitir las transacciones bancarias, situación que obstaculiza el comercio exterior, incluida la adquisición de materias primas para fabricar medicinas destinadas a los enfermos.

La más reciente y despiadada medida contra el pueblo, fue presentada ante la Cámara Baja de Estados Unidos por la representante republicana María Elvira Salazar, y respaldada por el Comité de Relaciones Exteriores, órgano que tiene la autoridad para revisar y aprobar todas las legislaciones de carácter internacional que se presenten en esa entidad del Congreso.

El proyecto de ley propuesto por la representante de la mafia terrorista anticubana por Florida, pretende codificar la decisión presidencial de retirar a Cuba de la espuria lista de países patrocinadores del terrorismo, para evitar que el presidente Joe Biden ceda ante las solicitudes de muchos países y personalidades mundiales, de sacar a la Isla de la misma, lo que había hecho Barack Obama en 2015 durante su presidencia.

La nueva inclusión en dicha lista estuvo a cargo del entonces presidente Donald Trump, en 2021, ante la influencia de la mafia anticubana de Miami, para que días antes de dejar el cargo apretara aún más la criminal guerra económica que según el Proyecto Cuba, aprobado por el presidente J.F. Kennedy, procura:

Inducir al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen para derrocarlo, e instaurar un nuevo gobierno más aceptable para Estados Unidos”.

Ese objetivo lo planteó en abril de 1960 Lester Mallory, subsecretario de Estado para el hemisferio occidental, cuando analizó la situación de la Revolución cubana y el mayoritario apoyo popular que tenía:

“El único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba, negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Quienes se sienten con el derecho para decidir quién viola los derechos humanos en el mundo o patrocinan el terrorismo, son precisamente los mayores violadores y terroristas del planeta, con irrefutables pruebas legales para ser condenados, pero imponen su criterio a base de sancionar y chantajear a otros gobiernos para que acepten servilmente sus medidas coercitivas, contra aquellos países que no se someten a sus órdenes imperiales.

Como estaba previamente acordado entre los mafiosos anticubanos en el Congreso yanqui, la propuesta de la representante Salazar también fue presentada en el Senado por sus compinches republicanos Marco Rubio y Rick Scott.

Con la experiencia precedente de las presiones ejercidas por esa mafia de Florida sobre el presidente Bill Clinton, obligándolo a firmar en 1996 la conocida como Ley Helms-Burton, que entregó al Congreso la decisión de levantar la guerra económica contra Cuba, llamada eufemísticamente “Embargo”, ahora aspiran a hacer lo mismo con el débil Joe Biden, quien sueña con ser reelegido y para ello busca el apoyo del estado de Florida que aporta 29 votos electorales.

A pesar de la fuerte campaña mediática desarrollada por la CIA y el Departamento de Estado contra Cuba, los actos de terrorismo ejecutados por el régimen de Estados Unidos no pueden ser borrados, entre ellos la voladura del buque francés en 1960, para evitar que la Revolución contara con las municiones necesarias para enfrentar la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos, acto terrorista que dejó un saldo de 101 muertos y más de 200 heridos y otro número de desaparecidos; los incendios provocados por la CIA en varios centros comerciales, escuelas, cines, teatros y círculos infantiles; la propia invasión organizada y financiada por Estados Unidos que solo dejó muertes en el pueblo, siendo derrocada en 67 horas.

¿Se olvidaron de los 214 asesinatos cometidos por las 196 bandas que crearon en las montañas cubanas, incluidos 15 niños, 65 campesinos, 8 ancianos, 3 mujeres y 9 maestros voluntarios y alfabetizadores?

Un documento desclasificado, elaborado por el coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA para la Operación Cubana, afirma:

 “Durante el período comprendido entre octubre de 1960 y el 15 de abril de 1961, se perpetraron alrededor de 110 atentados dinamiteros contra objetivos políticos y económicos, se colocaron más de 200 bombas. Se descarrilaron 6 trenes, se dejó inactiva la refinería de Santiago de Cuba durante una semana, como resultado de un ataque sorpresivo desde el mar.  Se provocaron más de 150 incendios contra centros estatales y privados, incluidas21 viviendas de comunistas, y 800 incendios en plantaciones de caña”.

Sus informes plantean que en esa etapa introdujeron ilegalmente en Cuba:

“75 toneladas de explosivos y armamentos, mediante 30 misiones aéreas, más 46,5 toneladas en 33 misiones de infiltración marítima, para abastecer a grupos terroristas urbanos y bandas de alzados en zonas montañosas, creadas, entrenadas y financiadas por la CIA”.

El 6 de octubre de 1976, terroristas al servicio de Estados Unidos hicieron estallar, en pleno vuelo, un avión civil cubano, asesinando a 73 personas inocentes. Sus autores fueron acogidos en Miami como “refugiados políticos”.

La introducción de plagas y enfermedades contra las personas, la flora y la fauna cubana han sido múltiples, matando a seres humanos, especialmente niños, como sucedió con el Dengue Hemorrágico.

La lista de actos terroristas contra el pueblo cubano en muy amplia y el mundo debe conocerla a plenitud, para que sepa la verdad de quién patrocina realmente el terrorismo.

Las familias cubanas aún esperan por las condolencias del gobierno yanqui, causante de tantos muertos entre sus seres queridos.

Sería oportuno circular a los miembros del Congreso yanqui, una lista de esas acciones terroristas contra Cuba, para que conocieran lo que oculta su gobierno y la prensa de ese país.

No se equivocó José Martí al expresar:

“Las verdades reales son los hechos”

 

 

 

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