Artur González / Heraldo Cubano.- Sin dudas Miami es hoy por hoy la Ciudad del Odio. Odio a todos los inmigrantes; a los de piel oscura; por su orientación sexual, y sobre todo a los que no piensan igual a quienes imponen patrones rígidos, lo cual demuestra la falta de libertad de pensamiento, de expresión y democracia, a pesar de que eso es lo que le critican a aquellos países que no se arrodillan ante ellos.  


El predominio anticubano de quienes gobiernan se percibe en cada discurso y acciones, por el resentimiento de no poder derrocar a la Revolución cubana en 64 años, a pesar de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos; actos terroristas para amedrentar al pueblo cubano; el apoyo a las bandas criminales en las montañas de la isla; la creación de la radio y Tv Martí con sus campañas de mentiras, y el respaldo a las leyes que conforman la guerra económica, comercial, financiera y mediática.

Es tan profundo ese odio que han llegado a impedir los viajes de familiares a la isla y el envío de remesas para ayudar a los que sufren las penurias de esa guerra económica, situación que no sucede con otras comunidades de inmigrantes latinos.

Muchos de esos que se autodenominan “campeones de los derechos humanos”, han desarrollado carreras políticas a costa de sus posiciones contra Cuba, solo con el interés de exacerbar el odio. Para lograrlo, hacen uso del chantaje, las presiones y la persecución política, al mejor estilo del feroz anticomunismo y la cacería de brujas llevada a cabo en los años 50 del siglo XX, por el entonces senador republicano Joseph McCarthy, quien persiguió a reconocidos artistas del cine y la televisión.

McCarthy confeccionó una tenebrosa lista negra donde fueron incluidos decenas de artistas de Hollywood y quienes estaban en ella, fueron despedidos de sus puestos de trabajo, situación que conllevó a que, guionistas, actores, directores, músicos, y otros profesionales del entretenimiento estadounidenses, quedaran sin trabajo, al ser acusados de “simpatizar con el comunismo”.

Los métodos usados eran inconcebibles para una supuesta democracia, asentada en los principios constitucionales básicos de los Estados Unidos, como es la libertad de expresión.

Hoy en Miami, la Ciudad del Odio, sucede exactamente lo mismo de los años 50 del siglo XX, y aquellos artistas que visiten la Isla de Cuba y se atrevan a presentar su arte ante el pueblo cubano, sufren similares persecuciones políticas a las aplicadas por el senador McCarthy, impidiéndosele actuar, les rescinden contratos y los dueños de centros nocturnos, teatros y galerías de arte sufren el chantaje y la amenaza de los odiadores, en nombre de una democracia que ellos mismos pisotean.

El más reciente ejemplo se ha visto en el festival de música “Santa María Music Fest”, celebrado la pasada semana en Cuba, porque para disgusto de los seguidores de McCarthy en Miami, dicho festival se efectuó, a pesar de las presiones y campañas ejecutadas para impedir que figuras de cierto renombre acudieran.

La campaña mediática ha sido atroz, desde mentiras como que la atención y el servicio de los hoteles fue malo, hasta el alto precio que tenía el paquete turístico, como si los festivales que se producen en Miami estuvieran al alcance de los bolsillos de todos los trabajadores de esa ciudad.

El odio y las acciones de persecución ahora recayeron sobre los artistas de la Isla y de otros países caribeños, entre ellos Issac Delgado, Tito El Bambino, Ñengo Flow, Tekashi 6ix9ine y Yailín la Más Viral, pero la guerra mediática y los mayores chantajes los está recibiendo el artista cubano residente en Miami, Lenier Mesa, por viajar a Cayo Santa María, pues al parecer su pecado fue haberse alojado en un hotel de la empresa Gaviota, sancionados por el amo del mundo, Estados Unidos, para intentar asfixiar la economía cubana.

Los “amantes de la libertad” en Miami condenaron a Lenier Mesa y ya fue excluido de cantar en eventos futuros de esa ciudad y de Hialeah, como medida ejemplarizante de los funcionarios de esa ciudad a quienes desobedezcan sus órdenes, bajo la justificación del supuesto “rechazo que generó en la comunidad exiliada y el dolor de los familiares de presos políticos”.

El precio que deberá pagar Lenier por desafiar a los odiadores y creerse libre de hacer lo que desee, es que tampoco podrá cantar en septiembre, en el evento Viernes Pequeña Habana que se celebra el último viernes de cada mes, ni será invitado al concierto de Fin de Año en el Bayfront Park, según afirmó el comisionado Joe Carollo, cuyo Distrito 3 coordina el Viernes Pequeña Habana y además preside el Bayfront Park Management Trust, organizador del concierto de fin de año, en el downtown de Miami

Encarnando el espíritu de Joseph McCarthy, Carollo declaró en tono amenazante:

“Ahora, si Lenier quiere seguir jugando con el diablo, con ese régimen asesino, después que hace un par de años asesinaron y reprimieron a muchos jóvenes, tendrá que saber que eso es inaceptable. Los artistas tienen que conocer que habrá consecuencias. No van a congraciarse con el gobierno cubano y pensar que no les va a pasar nada”.

Para pisotear aún más la democracia y violar la Constitución de ese país, Esteban Bovo Jr., alcalde de Hialeah, rechazó la presencia de Mesa en Cuba y afirmó:

“No será invitado a futuros eventos de la ciudad. Es vergonzoso y condenable que a esta altura de la tragedia cubana un artista como Lenier, que se ha beneficiado del respaldo de exilio cubano, entre a formar parte de la manipulación propagandística del régimen totalitario cubano”.

La maquinaria Macartista le fue arriba con una saña descomunal y han presionado a todos los odiadores para que se pronuncien en su contra y apoyen las sanciones, solo por el desliz de haber viajado a Cuba.

Otros artistas como Descemer Bueno y el Dúo Gente de Zona, sufrieron los mismos ataques, campañas y sanciones, hasta que se arrodillaron y renegaron de sus sentimientos, vendiéndole el alma y principios a quienes le pagan por bailar al son de la sacrosanta “libertad de pensamiento y libertad de expresión” que se goza en la Ciudad del Odio.

De ese país, que se ufana de ser “campeón de los derechos humanos”, no se puede esperar otra cosa, cuando muchos aún apoyan al ex presidente Donald Trump, ejemplo de corrupción, violador de las normas elementales de pagar sus impuestos, acosador de mujeres, pagar prostitutas y sobornar abogados para que no hablen, robar información secreta para hacer uso de ella a su antojo, mentir ante la justicia, presionar a funcionarios para que le añadieran votos en las elecciones y estimular el asalto al Capitolio Nacional, que dejó un salto de varios muertos y decenas de heridos entre los agentes del orden.

Ese si es un régimen totalitario que obliga a todos a cumplir sus órdenes y a quienes no lo hagan sencillamente los aniquilan.

Razón la de José Martí cuando afirmó:

“Quiero que el pueblo de mi tierra no sea como este, una masa ignorante y apasionada que va donde quieren llevarla”.

 

 

 

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