Gabriela Orihuela - Revista Mujeres.- Nadie puede decir con certeza si 46 años es mucho o poco tiempo. Depende de qué tiempo, de qué años, de quién y de cómo se ha vivido. Lo que sí se puede asegurar es que para la Editorial de la Mujer han sido más de cuatro décadas de lucha, de esfuerzo, de cambios; también han sido momentos de liderar procesos y transformaciones.


Adentrarse en la historia de la Editorial, significa internarse en la esencia de dos revistas (Mujeres y Muchacha), de un puñado de personas soñadoras y esperanzadas, de un país dentro de otro país.
 
Somos una Editorial resiliente. Resiliente ante a la cultura patriarcal —porque más que sobrevivirla, la enfrentamos—; ante la escasez de papel; al bloqueo económico, comercial y financiero; a la invisibilización de temas medulares. Ante todo ello, la institución se ha rejuvenecido, ha puesto empeño en el trabajo arduo y en la constancia centrada.
 
Necesitamos celebrar cada logro, pero, a su vez, definir nuevos objetivos, reivindicar otros e, incluso, quitar algunos que no suponen ya una ruta necesaria.
 
La Editorial, fundada en 1978, ha roto estereotipos y cánones; lo hizo cuando comenzó a disertar sobre el machismo y alejó a las mujeres de los problemas del fogón y las acercó a la política, a la cultura, a pensar en roles y en igualdad y en equidad; lo hizo cuando dejó de poner la moda como requisito de belleza y más como herencia cultural; cuando habló de sexualidad y derechos sexuales y reproductivos con adolescentes cubanos; lo hizo cuando, en sus páginas, se comenzó a utilizar el lenguaje inclusivo.
 
El pasado año, en los festejos por el 45 aniversario, Marilys Zayas Shuman, directora actual del centro, planteó que «el rol de la Editorial de Mujer ha sido imprescindible en el acompañamiento de la Federación de Mujeres Cubanas y a la formación de esa sociedad que muchos soñamos, cada día más equitativa y que además luche contra todos los tipos de desigualdades y discriminación».
 
El medio de comunicación en donde «cada cubana encuentra espacio» no se ha centrado solo en producir y exhibir textos e imágenes, en contar historias lejanas y cercanas al mismo tiempo, sino que ha logrado interactuar con la comunidad: niños, niñas, adolescentes, mujeres, hombres y personas adultas mayores que encuentran en la institución una fuente de conocimiento.
 
Talleres de Gente con Swing o de verano, paneles y Ferias Comunitarias se han colocado como espacios indispensables dentro y fuera de la edificación ubicada en la calle Galiano y Neptuno.
 
Mujeres y Muchacha han visto —y ven— pasar a grandes periodistas del país: Isabel Moya Richard, Iraida Campo Nodal, Gladys Egües Cantero, Marilys Suárez Moreno, Ángela Oramas, Iraida Calzadilla Rodríguez, Carolina Aguiar, María del Carmen Mesta, Aloyma Ravelo, Lirians Gordillo Piña, Marilys Zayas Shuman, Aurika Rubio, Sara Mas, entre otras tantas valientes y sororas mujeres. No obstante, impera reconocer, también, a todas las personas que nutrieron y nutren de osadía a la institución: todo su personal de trabajadoras y trabajadores.
 
La Editorial se alza como un sitio de lucha y fraternidad, de convicción y certezas.
 
***
 
Hace unos meses alguien me preguntaba dónde trabaja, mi respuesta fue sincera: «en la Editorial de la Mujer».
 
— ¿Y eso todavía existe? —me cuestionó.
 
— Existe, vive, respira, anda, avanza.
 
Entre 1969 y 1970 fue cuando la revista Mujeres llegó a la edificación donde se erige actualmente. Esa, su revista emblemática, estaba ubicada en el sótano. «Mis pies quedaban encima de la cisterna», contó Marilys Suárez Moreno.
 
La iluminación no era muy buena, la decoración tampoco, la periodista de larga data aseguró que tuvo que improvisar un póster con varias revistas para darle «vida» al entorno.

 

El piso principal era transitado por los diseñadores y las diseñadoras, y demás personal administrativo. Tiempo después, la misma cisterna que pisaba Marilys comenzó a fallar; entonces, tuvieron que subir las cinco o seis periodistas que le daban vida a Mujeres.
 
Muchacha, en cambio, estaba bien arriba, en el tercer piso, recuerda la periodista.
 
— ¿En el segundo había algo? —interrogué.
 
— La actual aula de la Editorial era un salón de reuniones que, incluso, tenía un escenario; en él cantaron artistas muy queridos y conocidos como Silvio Rodríguez o las Anacaonas.
 
Pero llegó el Período Especial y, como en casi todos los medios de prensa, en la Editorial hizo mellas. No había hojas, por lo tanto, no había revista. «Durante un tiempo se lanzó un tabloide, pero no duró mucho», aseveró Marilys Suárez Moreno.
 
La mayoría de sus periodistas fueron reubicadas en la radio; Marilys llegó hasta Radio Reloj, todavía colabora con el medio de comunicación. No fue hasta los inicios de la década del dos mil que, como dice ella misma, fue «rescatada» y pudo regresar a su primera casa.
 
Ciertamente, pensar en la Editorial nos remite a esa edificación gigante que acogió numerosos proyectos, desde hacer cristales, hasta hacer comunicación.
 
Hay verdades innegables como que cuatro o cinco pisos constituyen una especie de hacedor de historias; pero soy de las que piensa que lo material, sin restarle importancia, es solo eso, lo material; polvo cuando no se emplea; desecho cuando no se cuida; olvido cuando no se repara.
 
 
La Editorial de la Mujer es mucho más que eso, mucho más que sus pasillos llenos de fotos históricas, mucho más que una vitrina que atesora recuerdos, mucho más que un aula que nos evoca y provoca con tantos libros y folletos contra la violencia y en pos de la igualdad, mucho más que dos puertas de cristales que se abren ante cada persona y no piensa cerrarse nunca.
 
 
La Editorial de la Mujer es, precisamente, cada voz escrita, historia visibilizada, tema planteado, combatido; cada periodista que encontró, acá, su proyecto profesional o personal; cada estudiante que piensa en Mujeres o Muchacha para, desde la escritura, rebelarse; cada persona que la busca, la sigue o la guarda como una revista que las incluye, piensa y trabaja para y por ellas.
 
La Editorial de la Mujer es, definitivamente, un medio de comunicación que lleva más de cuatro décadas construyendo el presente.
 
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