Una década atrás nadie podría imaginar que muchos países del mundo pudieran enfrentarse a Estados Unidos, por su injerencia en los asuntos internos de otros, pero en la actualidad la situación ha cambiado.


Ya no son solo Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán, Rusia, China y Corea del Norte, los estados que no aceptan ese actuar prepotente del decadente régimen yanqui y lo demuestra la actitud soberana manifestada, en los últimos 7 días de abril de 2023, de altos funcionarios de países como Türkiye (antes Turquía), la India y Zambia, quienes rechazaron declaraciones de representantes de Estados Unidos, al expresarse con su acostumbrada soberbia dictatorial respecto a la situación interna de gobiernos independientes.

La posición asumida por el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el pasado 2 de abril, prueba el cambio radical cuando declaró: “Mis puertas están cerradas para el embajador de Estados Unidos, Jeffry Flake”, después que el diplomático yanqui sostuviera una reunión con el líder de la oposición, Kemal Kilicdaroglu, del Partido Republicano del Pueblo, quien se presentará en las venideras elecciones presidenciales a celebrarse el 14 de mayo, en clara evidencia de que Washington le da su apoyo para derrocar al mandatario Erdogan.

“Tenemos que darle una lección a Norte América en estas elecciones”, declaró el mandatario a la agencia Anadolu y agregó “Ese embajador debe conocer que aquí su interlocutor es el presidente del país”.

Los yanquis no ven con buenos ojos la posición asumida por el actual presidente de Türkiye en relación a Moscú y Beijing, por no plegarse a los dictados de la Casa Blanca con sus sanciones a esas naciones, situación que los altos funcionarios estadounidenses no perdonan y tratarán por todos los medios de eliminarlo del panorama político turco, para colocar a uno que responda mejor a sus intereses en la región y en especial dentro de la OTAN.

Esa es la línea de trabajo que la Casa Blanca sostiene hacia Cuba y por eso sus constantes planes de subversión para cambiar el sistema político, para que sea más aceptable para Estados Unidos, tal y como exponen en sus planes desclasificados y publicados.

Un día antes, el 2 de abril, Subramanyam Jaishankar, ministro de Asuntos Exteriores de la India, expresó durante una reunión con parlamentarios celebrada el domingo en la ciudad de Bangalore:

“Occidente está convencido que tiene un derecho otorgado por Dios, de comentar los asuntos internos de otros países. Durante mucho tiempo han tenido la mala costumbre de hacer comentarios sobre los demás. Creen que es su derecho, pero tendrán que aprender que, si siguen haciendo eso, los demás también empezarán a hacer comentarios y no les gustará cuando eso ocurra”.

Sus palabras ante los parlamentarios, fueron una respuesta a los comentarios hechos por altos funcionarios de Estados Unidos y Alemania, por la decisión del Parlamento Nacional de la India, de inhabilitar a Rahul Gandhi, líder del partido opositor Congreso Nacional Indio, después de ser condenado por un tribunal a dos años de prisión por el delito de difamación criminal, debido a comentarios inapropiados sobre el nombre del primer ministro Narendra Modi, durante un mitin preelectoral en 2019, cuando expresó: “Todos los ladrones llevan el apellido Modi”.

Cada estado tiene sus propias leyes y deben ser respetadas, por eso no es casual que Estados Unidos respalde a los líderes opositores, en aquellos países que no se someten a sus indicaciones, situación que prueba su interés por desestabilizar gobiernos que no son de su agrado.

Al conocer la decisión del tribunal contra el líder opositor, desde el Departamento de Estado yanqui declararon con toda la desfachatez imperial: “Estamos vigilando la situación de Rahul Gandhi”.

A la vez, su aliado el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán afirmaba: “Esperamos que en este caso se apliquen las normas de independencia judicial y los principios democráticos fundamentales”.

El escenario para Estados Unidos se hace cada día más difícil y la prueba está en las anteriores posiciones, a la que se suma la de varios países africanos tras la reciente visita de la vicepresidenta Kamala Harris.

La funcionaria yanqui arribó a África, repartiendo promesas de ayudas y financiamiento, junto a clases de democracia. Estados Unidos anda desenfrenado por no dejar escapar de su influencia a países de ese contingente, debido a la incidencia de Rusia y China que prestan ayudas reales, sin imponer posiciones ni derrocar líderes políticos al estilo de Washington.

Las declaraciones de Kamala Harris levantaron reacciones desfavorables por su injerencia. Una de ellas fue la de Fred M’membe, líder de la oposición de Zambia, quien sin pelos en la legua respondió:

“Si no respetan la soberanía de otros países, no pueden pretender ser el campeón de la democracia”.

Argumentó además:

“Un país que ha derrocado a tantos gobiernos en África, provocado tantos trastornos en este continente y en otras partes del mundo, el país que ha asesinado a tantos de nuestros líderes africanos; quienes asesinaron Patrice Lumumba, los asesinos de Kwame Nkrumah, los asesinos de Nasser y los asesinos de Muammar Gadafi, no pueden venir a enseñarnos sobre democracia”.

“Estados Unidos se construyó sobre la fuerza bruta, sobre la esclavitud de otros seres humanos, sobre la humillación de los africanos, sobre la explotación de los africanos, vendrá hoy a enseñarnos democracia”.

A estas declaraciones se suma las de Godfred Alufar Bokpin, economista y profesor de Finanzas de la Universidad de Ghana, quien explicó que Ghana y en otros países africanos, hay un nivel de escepticismo debido al elevado interés de Washington en África, especialmente por el tema financiero y al parecer hay en juego un nuevo reparto de África, pero la relación con Estados Unidos y Europa, necesita de un respeto mutuo.

En los últimos meses las visitas de altos funcionarios yanquis ha sido una constante, entre ellas las de Janet Yellen, actual secretaria del Tesoro; Linda Thomas-Greenfield, embajadora ante Naciones Unidas; Jill Biden primera dama y el secretario de Estado Anthony Blinken, pero ya los africanos no son los mismos de hace unas décadas y exigen un trato respetuoso y equitativo, sin desprecio ni subestimaciones, como acostumbraban hacer los auto proclamados “campeones de la democracia y los derechos humanos”.

México que, hasta la llegada de López Obrador a la presidencia, se sometía a lo que ordenaran los yanquis, también se reveló y en días pasados le respondió al Departamento de Estado:

“Ustedes no cambian. Tienen una política añeja, anacrónica, de querer meterse en la vida pública de otros países”.  “México no es un protectorado de Estados Unidos ni una colonia de Estados Unidos. México es un país libre, independiente, soberano y no recibimos órdenes de nadie”.

El mundo se cansó de tanto irrespeto e injerencia.

Razón tiene José Martí al afirmar:

“Alzar la frente es mucho mejor que bajarla”

 

 

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