Artur González / Heraldo Cubano.- Hay quienes por ignorancia testifican situaciones falsas en Cuba, pero otras son por perversidad consciente, sobre todo cuando se hace para tergiversar la historia y la realidad. Es lo que hoy sucede con las publicaciones del sacerdote cubano Alberto Reyes, quien evidentemente sigue la línea trazada desde Estados Unidos contra Cuba. Ejemplos sobran.


Recientemente volvió a la carga torciendo la realidad cubana y sobre todo ocultando las verdaderas causas que las provocan, la criminal guerra económica, comercial y financiera que aplica Estados Unidos contra la Isla para intentar estrangularla, algo que jamás el sacerdote condena.

Según él, el pueblo cubano está sometido a un sistema que no ofrece ni presente ni futuro, pero no expone que gracias a ese sistema, en Cuba todos los niños pueden ir a la escuela gratuitamente hasta la Universidad, y a pesar de la crisis que vive el país por el recrudecimiento despiadado de esa guerra imperial, la más larga de la historia de la humanidad, no se ha cerrado una sola escuela, incluso en los lugares más intrincados de las montañas, ni tampoco un solo policlínico u hospital, aunque falten medicamentos y material gastable, no por el sistema socialista, sino por esa cruel guerra que busca incrementar las carencias para culparlo.

¿Por qué el religioso no condena a quienes en medio de la pandemia de la Covid-19 le negaron a Cuba la venta de oxígeno y respiradores artificiales para los hospitales? ¿No es esa acción un pecado?

Muchos de los escenarios que expone el mencionado cura no son precisamente en localidades cubanas, sino de Latinoamérica donde los niños mueren de enfermedades curables por falta de médicos y dinero para pagar las consultas y el tratamiento. ¿En qué pueblo de Cuba él ha visto niños con dientes negros y perdidos por las caries?

Eso es falso, porque a pesar de la escasez de materiales dentales, todos los niños tienen acceso gratuito al dentista.

En su más reciente escrito asegura, en un tono novelesco cual drama de pacotillas, que “nada toca tanto un alma como un rostro, rostros que hablan, que gimen, que gritan”.

Alberto Reyes debería sentir vergüenza, al pretender exponer un escenario dantesco de un pueblo que resiste estoicamente una guerra despiadada desde hace 64 años, condenada anualmente por la Asamblea General de la ONU, sin que el responsable del sufrimiento de los cubanos se digne a cumplir con la exigencia de la casi totalidad de los países de este mundo.

Es cierto que las carencias de todo tipo se incrementan a diario en Cuba, pero no es el sistema socialista su responsable pues la historia afirma lo contrario. La ignorancia del sacerdote parece desconocer que, en abril de 1960, a solo 16 meses del triunfo de la Revolución cubana, el entonces sub secretario del Departamento de Estado yanqui Lester Mallory, proponía:

[…] “No existe una oposición política efectiva en Cuba; por tanto, el único medio previsible que tenemos hoy para enajenar el apoyo interno a la Revolución es a través del desencanto y el desaliento, basado en la insatisfacción y las dificultades económicas. Debe utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba; negarle dinero y suministros para disminuir los salarios reales y monetarios, a fin de causar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Esto no es propaganda comunista, son los conceptos de Estados Unidos para llevar a todo un pueblo a la crisis económica total.

El sacerdote oculta en sus escritos, quizás por mala fe y no por ignorancia, que Cuba es el único país del planeta sometido a un conjunto de leyes para asfixiar su economía, lo que ningún otro estado hubiera resistido.

El entramado legal que conforma esa guerra económica, comercial y financiera, que además es extraterritorial por afectar también a terceros países, abarca múltiples leyes y regulaciones administrativas, como la Ley de Comercio con el Enemigo, de 1917, sección 5.b, establecida para Cuba en 1961 por el presidente Dwight Eisenhower, que debe ser prorrogada cada año por el presidente de turno.

Dicha Ley, creada en 1917, prohíbe cualquier tipo de transacción comercial o financiera, incluidas las relativas a viajes, transportes o negocios, en tiempos de guerra o cuando se haya declarado una emergencia nacional en relación con un país específico.

Meses después de la derrota en Bahía de Cochinos, el presidente John F. Kennedy, aprobó el plan Mangosta, el más amplio programa subversivo contra Cuba, que expresa:

[…] “La Operación está dirigida a provocar una rebelión del pueblo cubano. Esta sublevación derrocará al régimen comunista e instaurará un nuevo gobierno con el cual Estados Unidos pueda vivir en paz”.

“La acción política será apoyada por una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, las operaciones psicológicas acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen, y las de tipo militar darán al movimiento popular un arma de acción para el sabotaje y la resistencia armada en apoyo a los objetivos políticos”.

Entonces, ¿es el socialismo con sus errores, el verdadero responsable de las penurias del pueblo cubano?

¿Por qué el cura, que sigue la línea editorial yanqui, no dice una sola palabra de esto, sin sumarse a la condena internacional contra esta cruel guerra?

Ante la resistencia estoica del pueblo, Estados Unidos aprobó otras leyes en su intento por doblegarlo, como son:

La Ley de Cooperación Internacional, de 1961, sección 620.A; Regulaciones al Control de los Activos Cubanos, de 1963; Ley para la Democracia en Cuba, de 1992, conocida también como Ley Torricelli; Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas, de 1996, (Ley Helms-Burton); Ley de Sanciones Comerciales e Incremento del Comercio, de 2000 y la inclusión de Cuba en la lista de países que patrocinan en terrorismo, a pesar de ser una víctima de esas acciones ejecutadas por Estados Unidos.

Esta verdad no se puede ocultar ni tergiversar por nadie, y menos por un religioso que no debe mentir.

Otra prueba de las penurias padecidas por los cubanos, se refleja en un extenso memorando de la CIA, sobre la situación interna de Cuba, donde se afirma:

[…] “La actual política de los Estados Unidos respecto a Cuba tiene por objetivo aislarla del hemisferio occidental y del resto del mundo libre, y ejercer la mayor presión posible para evitar la consolidación y estabilización del régimen Castro-Comunista. El programa de acciones encubiertas de la CIA, ha sido diseñado para apoyar otras medidas gubernamentales, con el fin de incrementar e intensificar las presiones contra Castro y estimular a los elementos disidentes, especialmente en el ejército, para llevar a cabo un golpe de Estado y eliminar a Castro.”

 […] “El principal objetivo de los programas encubiertos contra Castro, es completar el aislamiento económico, político y psicológico de Cuba respecto a América Latina y el mundo libre […] Estas medidas han sido en buena parte responsables de las actuales dificultades económicas de Castro, pero pudieran adoptarse nuevas y eficaces medidas de guerra económica”.

Basta ya de mentiras y de pintar una novela muy distante de la verdad cubana.

Quienes visitan la Isla comprueban las penurias y escaseces que sufren los cubanos debido a esa criminal política yanqui y su odio contra un pueblo que resiste porque conoce su historia, de haber sido primero una colonia española por tres siglos y yanqui después durante 60 años, que jamás pudo tener una posición soberana como la alcanzada después de 1959 y por eso el alto precio que paga por desafiar el amasijo de leyes, planes y sanciones, ejecutados por quienes sueñan con someterla nuevamente bajo las alas del águila imperial.

Pero como dijo José Marte:

“Levantarse sobre intrigas, es levantarse sobre serpientes”

 

 

La Columna es un espacio libre de opinión personal de autoras y autores amigos de Cuba, que no representa necesariamente la línea editorial de Cubainformación.

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