Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint.- Jugar con la mentira es el más pernicioso de los cinismos. Decir que las escaseces materiales, el marginalismo, el negocio ilícito o la delincuencia en Cuba son ‘cosas propias del comunismo’ es, como poco, no ser una persona honrada.


Eso en la isla y hasta en la Cochinchina es, antes que nada, EL CRIMINAL BLOQUEO DE EEUU. Luego, cuando este genocidio termine, PORQUE HA DE TERMINAR PARA QUE EL PUEBLO DE EEUU SEA DIGNO, digo, si no hay otras reclamaciones, entonces hablemos de todo lo que se quiera tratar. Solo así, en un plano familiar, como deben ser las interrelaciones humanas, podremos compartir nuestras ideas dignamente.

También algunos suelen achacarle al ‘régimen’ de la isla... Sí, claro, es que el resto de gobiernos del mundo no tienen un régimen, sino un ‘no régimen’, o sea un ‘como se quieran llamar’, ellos pueden, Cuba ni hablar, es un ‘régimen’ y punto, con lo que ‘ese punto’ significa de ilegal, dictatorial, autoritario y otros adjetivos que mejor olvidamos y así no cuestionamos tanto la inteligencia o el decoro de quienes quieren ‘achacarle’ a las máximas autoridades cubanas los graciosos apodos de ‘ladronas, traficantes de famosa calaña y asesinas por generalizar en el país la peor pobreza de su historia’ desde que nació como “República libre” en 1902.

Todos sabemos que tal anuncio fue la mentira, y esta vez la más grande y repudiable de las mentiras. Bien, no parece valer la pena el recuento y volvamos al año 1989 que,  aun siendo la década de los 80 la más brillante en términos de bienestar económico y estabilidad política para los cubanos, EEUU, nuestro inigualable ‘vecino’,  nunca dejó de agredirnos ni perder su creencia en que volveríamos a ser suyos. ¡Aunque nos convierta en un desastre mitológico! Eso realmente no le importa mucho. En su apócrifa sagrada escritura concibió la pudrición del pueblo cubano y que la gangrena llegara a sus líderes más populares aunque estuvieran en el Pico Turquino o en las Cuevas de Bellamar.

El régimen norteamericano invirtió millones de dólares de sus contribuyentes en desarrollar una torpe disidencia en toda la isla para fomentar el desorden social, la emigración irregular hacia la capital, la vuelta más fea de los solares hacinados de niños y ancianos en una ciudad que se olvidaba de sí misma, el más feo regreso de los barrios insalubres, el mucho más feo aspecto del desempleo por vagancia y la emperatriz de las feas: el renacer de la delincuencia.

Los hechos, de tantos que fueron, casi son incontables… Pero debido al racionamiento de los productos esenciales y la exaltación a bienestares mayores que la propaganda lanzaba sobre Cuba a través de numerosas emisoras radiales y otros medios pagados por EEUU, ya existía en la Cuba de 1989 una red, llamémosla ‘vulgar’, de negocios clandestinos que dañaba la distribución igualitaria que el gobierno cubano intentaba y que, prácticamente, lograba casi mágicamente sin mucha intervención en las calles. De alguna forma, ello contribuyó a la existencia de personajes como ‘la vecina’ de esta obra teatral en un entorno marginal donde algunos de sus habitantes se hicieron dueños del destino de muchos de los miembros más débiles.

Así, la fea imagen del pueblo se fue mitificando hasta unos renglones que las autoridades cubanas, pendientes y sobre-ocupadas de otras agresiones al país, descuidaron, no pudieron atender y casi todo en la isla, ante la cercanía de un tétrico ‘Periodo Especial en Tiempos de Paz’, por poco se va ‘a bolina’ como la Revolución de los años 30. Fue la voluntad de resistencia de la inmensa mayoría del pueblo cubano la máxima heroína, sin medallas ni juicios enaltecedores, quien venció la etapa más dura del bloqueo de EEUU y la rendición de nuestros antiguos amigos.

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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