Andrés Marí - Cubainformación / Fundació Vivint


Bush ordena torturar a los presos musulmanes en la tierra robada a Cuba de Guantánamo, luego lo confiesa en su libro de memorias y Obama lo exculpa al sucederle en la presidencia de EEUU. Y así allí y en muchas partes del mundo la historia es bien larga para delitos cometidos por altos cargos militares y civiles. No importa qué delitos, incluyendo el reciente descuartizamiento de un periodista en un consulado de Arabia Saudita en Turquía. No importa. Igual con los clásicos vínculos de mucha gente ‘honorable’ con el narcotráfico.

Desde que las drogas dejan tan altos dividendos, muchos ciudadanos y funcionarios norteamericanos se vincularon a ellas. Para lo que fuera. Incluyendo derrocar a gobiernos. Desde principios de la década de los 80, la CIA, con la colaboración de exiliados cubanos en Miami, entabló relaciones con el Cartel de Medellín y el de Guadalajara para la guerra contra Nicaragua. Fue “El Caso Irangate”. El país centroamericano denunció a EEUU y el 27 de junio de 1986 la Corte Internacional de La Haya condenó al gobierno de Ronald Reagan. Pero, su sucesor, el primer Bush, formó gobierno con algunos de los condenados en el escándalo “Irán-Contras” y la vida, como Julio Iglesias, siguió igual.

Nada parece importar en este planeta donde lo más usual es reírse de los pueblos. Y eso, quiéranlo o no, es lo que muchos maestros indiferentes a esas ‘naturalidades’ del mundo, enseñan en todos los grados de la enseñanza y nunca estas ‘lecciones’ constituyen una tragedia nacional, al contrario, porque ya todo es parte de la secuencia de ingerir el veneno y trasmitirlo como una política de Estado. Así, ‘mi maestro’ se decepciona ante la Causa Cubana y avanza hacia su abismo. Este hombre da lástima. Pero no por ello dejaremos de condenarlo por las miserias filosóficas a que lanza a ‘mi joven’ soñador.

¡Qué año en Cuba el de 1989! Parecía que, igual a como Saturno devora a sus hijos, la Revolución Cubana iniciaba su más temerario recorrido al arrestar, enjuiciar y condenar a muerte por graves delitos a uno de sus héroes y a otras 3 personas más que habían sido valiosas servidoras de las causas revolucionarias en tiempos muy duros para el país y que repentinamente se convirtieron en los antiguos compañeros que hicieron aún más duros los tiempos de las luchas cubanas. Es que parecía que el verano nos asfixiaría a todos con aquellos rostros, antes tan queridos y ahora tan condenables que la televisión nos tiraba al corazón como si fueran, con entera simpleza, las caras humanas de una enorme tragedia nacional. En Cuba. En otras partes a casi nadie interesan. Pasan tan seguido que la gente ya está habituada.

Y si a algunos medios les interesó el proceso cubano fue, simplemente, como otro serial para las vacaciones estivales y porque de Cuba sale rentable hablar y mucho más entusiasta si es para inventar historietas y viñetas que Washington paga muy bien y todo el sistema agradece.

Todo 1 mes duró aquel terrible juicio y durante ese tiempo muchos llegamos a preguntarnos por qué no estábamos nosotros también siendo juzgados y condenados por algún otro motivo, cualquiera, pues EEUU, en medio de tanta ignominia contra Cuba, algo logró con las célebres palabras del bloqueo. Pero, no, no todos éramos como los condenados y nuestros pequeños delitos, como algunos de ‘la vecina’, nuestro anterior personaje, no eran tan repudiables como los que confesaban nuestros antiguos compañeros y que generaron tanto dolor.

En fin, con personas como ellas, los cubanos aprendimos un poco más sobre las miserias humanas que ya Maquiavelo en el lejano 1513 desvelaba con “El Príncipe”. En esa obra se sacaba a relucir ‘si el fin justifica los medios’. Nuestros hechos y aquellas sentencias provocaron un sinfín de reacciones y en una buena cantidad de personas fueron tan contradictorias como les eran los mismos sucesos.

Debíamos aceptar nuestro código penal aunque no estuviéramos de acuerdo con la aplicación de la pena de muerte para nadie. Debíamos condenar la corrupción, el narcotráfico y el enriquecimiento ilícito aunque supiéramos que en casi todas partes eran el día a día de la supervivencia del sistema mundial. Y debíamos seguir adelante porque la Revolución Cubana no era ni podría ser nunca un estudio sobre el maquiavelismo. No obstante, no creo que exista ningún cubano de mi generación que no haya sido tocado por aquel espanto.

De alguna manera --pudo hasta comprobarse en actitudes posteriores--, algunos sufrieron la ira del desencanto y otros la ira de obligarse la ilusión. No fue nada fácil para nadie. Pero el tiempo se encargó en enero de 1998, casi terminando la dura década de los 90 en Cuba, de fijar en la historia de la civilización la voz potente de Fidel, uno de los estadistas más brillantes que ha tenido la humanidad y que, “sin ocultar nada al mundo”, que le oía con máximo respeto su pasión por la Revolución Cubana, condenó enérgicamente el bloqueo de EEUU y exaltó el derecho de los pueblos a “un mundo más justo” al despedir al Papa Juan Pablo II en La Habana.

El Papa polaco, el mismo que los enemigos de Cuba esperaron que como “había colaborado al fin del comunismo en Europa, también acabara de tumbarlo en la mayor de las Antillas, la isla de los esclavos”, ese Papa, sea quien sea, le dio su bendición al pueblo cubano y alguna prensa ‘respetable’ lo acusó de comunista.

(CONTINÚA EN TEXTO 4)

 

Serie completa "El italiano"

1.1. "El italiano”: Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Notas 1

1.2. "El italiano”: Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 1

1.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 1

2.1. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Notas 2

2.2. “El Italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 2

2.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 2 - La madre

3.1. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Nota 3

3.2. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Texto 3. La Vecina

3.3. “El italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Vídeo 3 - La Vecina

4. 1. “El italiano” Nota 4. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

4. 2. “El Italiano”. Una experiencia artística de la Revolución Cubana. Textos 4: ‘El maestro’

4. 3. “El Italiano”. Vídeo 4: ‘El Maestro’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

5.1. “El Italiano”. Nota 5: El amigo. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

5. 2. “El Italiano”. Texto 5. Una experiencia artística de la Revolución Cubana.

5.3. “El Italiano”. Vídeo 5: ‘El amigo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6.1. “El italiano”. Nota 6: ‘El empleado’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6. 2. “El Italiano”. Texto 6: ‘El empleado’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

6. 3. “El Italiano”. Vídeo 6: El empleado. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 1. “El Italiano”. Nota 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 2. “El Italiano”. Texto 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

7. 3. “El Italiano”. Vídeo 7: ‘El viejo’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 1. “El Italiano”. Nota 8. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 2. “El Italiano”. Texto 8: ‘El joven final’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

8. 3. “El Italiano”. Vídeo 8: ‘El joven final’. Una experiencia artística de la Revolución Cubana

 

* Andrés Marí es escritor, profesor y actor cubano residente en Catalunya.

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